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Columnas de Opinión
La Dura Realidad del Sistema Escolar Chileno
Fuente:
Fecha: 10 de febrero de 2016
por Eduardo Sandoval Obando*

Eduardo Sandoval Obando - Psicólogo, magister en Educación, Doctor © Ciencias Humanas e Investigador Universidad La Coruña
En las últimas décadas, hemos estado expuestos a múltiples procesos de crisis y tensiones sociales, de carácter planetario (tales como: crisis económicas, conflictos armados, terrorismo; aumento de la pobreza y el desempleo; casos reiterados de colusión en la política y el mundo privado; aumento de la contaminación ambiental, etc.), los que impactan en el mundo escolar, y nos obligan a mirar, con mayor recelo y cuestionamientos, la cultura científica - economicista y el impacto del paradigma cartesiano sobre nuestra sociedad, considerando las enormes desigualdades sociales que nos rodean y fragmentan. 

Así, la modernidad y sus intentos infructuosos por mantener el statu quo, deben ser un foco de análisis profundo por parte de las ciencias sociales y de las humanidades, para indagar en los diversos influjos culturales que penetran en la vida escolar (prácticas pedagógicas y su impacto sobre la formación del sujeto, los aprendizajes y relaciones construidas entre el docente y el alumnado; la protección a la primera infancia; la importancia de la estimulación temprana, etc.), reafirmando la necesidad de construir y elaborar un pensamiento que integre la pluralidad y complejidad del aprendizaje, apto para captar la riqueza y diversidad de proyecciones imaginarias y creativas, para reconocer el juego de acciones y reacciones, de lo consolidado y de lo posible, para afrontar la creación de nuevas relaciones posibles, sin caer en los reduccionismos tecnocráticos que desconocen todo aquello que no sea cuantificable e ignoran las complejidades humanas. Tenemos que abandonar la falsa racionalidad, puesto que las necesidades humanas no son sólo económicas y técnicas, sino también afectivas y mitológicas (Morin, 1993).

Aunque parezca alarmista nuestra postura, creemos que las reformas escolares promulgadas el último tiempo, siguen olvidando y restando importancia a la primera infancia. ¿Será tal vez que no son una prioridad para los gobiernos de turno, puesto que no tienen un voto para entregar en las futuras elecciones? ¿qué medidas concretas han potenciado la educación preescolar (más allá de los discursos y promesas de campaña)? ¿Cuáles son los esfuerzos reales que Chile ha generado, para proteger y estimular el desarrollo integral de nuestros niños, niñas y jóvenes?.

Lo cierto es que somos testigos de la dura realidad que caracteriza al sistema escolar Chileno. Al respecto, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (2015), señala que nuestro país, se ubica en el 9° lugar del ranking de desigualdad, lo que implica que aquellos estudiantes provenientes de contextos vulnerados, tiene 6 veces más probabilidades de tener bajo rendimiento escolar. En la misma línea, el alumnado más vulnerable, tiene 4 veces más probabilidades de no lograr el nivel básico entre pares de su misma edad, pero provenientes de estratos sociales más altos. El sombrío panorama al que se enfrentan nuestros niños, niñas y jóvenes provenientes de entornos deprivadores, se vuelve aún más desolador, cuando: estos no han podido asistir regularmente a la educación preescolar; presentan inasistencia escolar reiterada; existen antecedentes de repitencia esolar; desajustes conductuales reiterados (sin un abordaje integral de tales comportamientos); ausencia de redes de apoyo para el núcleo familiar, etc.

Finalmente, y a modo de reflexión, resulta interesante reflexionar en torno al desafío que Chile tiene para las próximas décadas, en el abordaje y protección de la primera infancia, considerando que son precisamente nuestros niños, niñas y jóvenes, los que conducirán el destino de nuestro país. ¿Cuál es el mensaje que queremos transmitir, en materia educativa? ¿Qué esfuerzos estamos desplegando, como ciudadanos y actores sociales, frente a las enormes desigualdades que caracterizan nuestra sociedad? ¿La Gratuidad en la educación superior, permitirá cambiar esta realidad?. Esperamos que la razón y la visión de futuro, nos permita actuar a tiempo, para hacernos cargo del principal recurso que tiene un país… Nuestros niños, niñas y jóvenes. 


* Eduardo Sandoval Obando es Psicólogo, Postítulo en Sexualidad y Afectividad de la U. de Chile; Diplomado en Modelo Salud Familiar de la U. de Chile; Magíster en Educación, Mención Políticas y Gestión Educativas; Doctor © en Ciencias Humanas, UACH. Correspondencia a: eduardo.sandoval@correo.udc.es 





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