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Toque de queda adolescente: viejas medidas para nuevas generaciones
Fuente:
Fecha: 03 de julio de 2019

por Iskra Pavez Soto *
Iskra Pavez Soto - Académica y escritora, experta en Políticas Sociales de Infancia
El pasado domingo se hizo una inédita consulta ciudadana en ocho comunas del país, donde un 85% aprobó restringir el horario de libre circulación para las y los adolescentes. Así, se ha instalado en el debate público la pertinencia de instaurar un toque de queda juvenil.  

Pero, las preguntas de esta consulta no fueron iguales en todas las comunas. Por ejemplo, en Lo Barnechea se incluyó el tema de la publicidad de alcohol y los horarios de las botillerías. En Peñalolén fue sobre acciones comunitarias preventivas, uso del tiempo libre y horarios de botillerías. En Quilpué, se apuntó al compromiso firmado de parte de madres y padres para acompañar actividades infantiles. En La Reina, se preguntó por un horario restringido en verano y otro en invierno y el aumento de horas de educación física (en medio de un debate nacional sobre su reciente paso a electivo). En La Florida, sobre cursar infracciones a las madres y los padres por los daños que provoquen sus hijas e hijos en la vía pública; mientras que en Colina, sobre la restricción horaria para niñas y niños menores de 12 años y adolescentes de 13 a 16 años de edad. 

Como se observa, cada administración municipal provechó de poner énfasis en aspectos de su interés, aunque la convocatoria oficial aludía mayormente a la restricción horaria y se apoyaba en un exitoso programa de Islandia que ayudó a bajar los niveles de uso de drogas y alcohol en adolescentes. 

En efecto, en Islandia existe un programa llamado Planet Youth (https://planetyouth.org) que consta de diversas estrategias de intervención, tales como: realización de investigaciones y encuestas permanentes sobre la vida infantil a cargo de organismos especializados, que aportan datos y evidencia para el diseño de políticas públicas; la prohibición de publicidad y compra de tabaco y alcohol para adolescentes menores de edad; la participación obligatoria de las madres y los padres en organizaciones de apoderados y charlas sobre crianza infantil que promuevan acompañamiento y conversación familiar; la prohibición legal del libre tránsito de adolescentes entre 13 y 16 años de edad -en Chile se incluyó a menores de 12 años-, después de las 22 horas en invierno y después de medianoche en verano -en Chile se puso como primera opción las 21 horas- y financiamiento de actividades deportivas y artísticas, a través de la entrega de un bono para las familias más pobres de 250 euros por cada niña o niño, unos $200.000 pesos chilenos aproximadamente.

El éxito del programa radica, entre otras cosas, en que“hay varias características de la cultura islandesa que distinguen este modelo de otras estrategias de planificación”. El programa ha asesorado a diversos países para poner en marcha esta acción en otros contextos, bajo el argumento que “la mayoría de los países con una economía avanzada cuentan con la infraestructura necesaria para aplicar esta estrategia”. Resulta interesante preguntarnos sobre si compartimos características culturales con Islandia y cuáles serían esas características. Aquel es un país pequeño, tiene aproximadamente 350 mil habitantes, como toda la población de la comuna de La Florida. 

Podemos preguntarnos si ¿Es Chile una economía avanzada, tal como recomiendan en la página web? ¿Por qué esta consulta ciudadana se centró en algunas de las estrategias implementadas en Islandia? ¿Se van a implementar también las otras? Islandia tiene un PIB per cápita en torno a los U$ 50 mil dólares aproximadamente, Chile bordea los U$25.000. Islandia está ubicado en el 6º lugar de Desarrollo Humano a nivel mundial, Chile, en el 44.
 
También es oportuno cuestionarnos sobre lo siguiente ¿Qué tienen en común las niñas, los niños y adolescentes que habitan allá y acá? ¿Será efectivo imponer un toque de queda adolescente en una sociedad como la chilena, caracterizada por rasgos culturales conservadores y autoritarios, con altos niveles de consumo y trastornos de salud mental?

Islandia pertenece a los llamados países nórdicos, caracterizados por un Estado de Bienestar, donde se paga en torno al 35% de impuestos y en Chile, en cambio, cercad del 20%. Islandia tiene un Índice de GINI de 27, Chile de 46. En Islandia, el 16% de la niñez tiene riesgo de caer en pobreza y un 10% vive bajo el umbral de la pobreza relativa, lo que se corrige con las transferencias sociales; en Chile el 13% de la infancia vive en pobreza absoluta y un 22% en pobreza multidimensional. Islandia es uno de los países donde más se lee, se publican casi dos millones de libros al año, en Chile, apenas ocho mil. 

Por otro lado, es pertiente preguntarnos ¿Qué entidades públicas van a llevar a cabo el control horario y qué sanciones recibirán quienes no lo cumplan? ¿Se puede garantizar que no se cometerán abusos de poder en contra de las niñas, los niños y adolescentes más pobres, migrantes o sobre los cuales recaen prejuicios? Islandia se considera un país amigable con las personas migrantes, tiene un 10% de su población extranjera, en Chile existe racismo y xenofobia con un 4,4% de población extranjera. 

A su vez, podemos cuestionar lo siguiente ¿se puede obligar a las madres y los padres chilenos a participar en actividades escolares, considerando las largas jornadas laborales y las horas que se pierden en los traslados? ¿Se implementarán actividades de prevención y cómo se financiarán, se entregarán bonos a las familias más pobres?

Como podemos observar, Islandia y Chile son países distintos, con rasgos culturales disímiles. Por eso, no es casual que en nuestro país el debate se haya centrado en aspectos del programa islandés más controladores. Somos un país donde el 70% de las niñas, los niños y adolescentes recibe algún tipo de maltrato según cifras de UNICEF y Consejo Nacional de la Infancia. 

Somos una sociedad perpleja ante los altos índices del uso de drogas y alcohol que tienen las y los adolescentes chilenos: uno de cada tres consumió marihuana y un 64% dice haberse embriagado en el último mes. Nos preguntamos con espanto ¿por qué se drogan o beben hasta emborracharse?, ¿por qué tienen la necesidad de “borrarse”? Y lo más importante y polémico de todo este asunto ¿qué debemos hacer? El camino que tomemos para enfretar estas preocupantes cifras mostrará desde qué paradigmas vemos el fenómeno y con qué valores vamos a intervenir. ¿Control o libertad? ¿Sanción o prevención? ¿Protección o participación? 

Al parecer, Islandia optó por una estrategia integral que incluye todas estas cuestiones, al mismo tiempo y en el mismo nivel de importancia. Por supuesto que podemos considerar esta experiencia exitosa y aprender de ella, pero, asimismo, debemos sincerar nuestros paradigmas y valores frente a la infancia.

La infancia es un campo de poder en disputa. El sociólogo inglés Cris Jenks utiliza la metáfora de los dioses griegos Apolo y Dioniosio para explicar las contradicciones que recaen sobre la niñez contemporánea y que también observamos en nuestro país. Por un lado, tratamos a las niñas y los niños como pequeños ángeles (Apolo), inocentes y víctimas, que deben ser protegidos de los males de este mundo (“los niños primero”). Pero, al mismo tiempo, son vistos como pequeños demonios (Dionisio), inmaduros e irresponsables, de los cuales la sociedad debe protegerse y controlar (control de identidad o toque de queda).

Las contradicciones que recaen sobre los sujetos infantiles y adolescentes, muestran las ambigüedades del mundo adulto para gestionar una posición de autoridad legítima y legitimada, que acompañe y facilite los procesos de crecimiento y exploración propias de estas etapas vitales. La infancia de hoy no es la misma del pasado, es un fenómeno en constante cambio, que se ve afectada por las transformaciones culturales. Y hoy en día, los cambios ocurren de modo acelerado y las nuevas generaciones viven sus infancias de diversas formas. 

De allí que es urgente que como país asumamos una estrategia de acción integral frente a este fenómeno y no quedarnos solo en algunos aspectos del problema, sino abordarlo en toda su complejidad, tal como lo hizo Islandia, desde nuestras particularidades, porque estamos en Chile.

Como nota final me gustaría mostrar un breve recorrido por las leyes que hoy en día regulan qué cosas puede o no hacer, por ejemplo, una adolescente de 15 años en Chile, a fin de mostrar estas ambigüedades propias de la niñez moderna. Legalmente puede trabajar (Art. Art. 13-15 del Código del Trabajo), casarse con autorización de su madre o padre (Art. 107 del Código Civil), tener responsabilidad penal, que implica privación de libertad en un centro especializado (Art. 3, Ley Nº 20.084) o interrumpir voluntariamente un embarazo, por haber sido víctima de violación (Art. 1, Ley Nº 21.030). Pero, legalmente tiene prohibido ponerse un piercing o hacerse un tatuaje, sin autorización de su madre o padre (Artículo 13, Decreto Nº 304); tener una cuenta bancaria (Artículo 156 bis, Ley de Bancos), votar en las elecciones democráticas (Art. 3°, Ley Nº 20.568), comprar tabaco (Artículo 4°, Ley Nº 19.419 y Ley Nº 20.660) y alcohol (Art. 42, Ley Nº 19.925). Y ahora se quiere prohibir el libre tránsito.

* Iskra Pavez Soto es Doctora en Sociología (Universitat Autónoma de Barcelona), Experta en Políticas Sociales de Infancia (Universidad Complutense de Madrid), Diplomada en Estudios de Género (Universidad de Chile) y Trabajadora Social (Universidad Tecnológica Metropolitana). Actualmente es académica y escritora.

Esta columna fue previamente publicada por El Mostrador




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