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Niñez en los Medios - Educación
Colegios La Legua: La lucha diaria por enseñar entre balas
Fecha: 30 de junio de 2014
La famosa población ubicada en San Joaquín intenta eliminar desde la educación los problemas sociales ligados al tráfico de drogas y armas. TERRA.cl visitó dos de sus colegios y conocimos los planes de seguridad para lidiar contra las "balas locas" que los rodean.

Balas que traspasan los vidrios de las salas de clases, parte del peligro de la educación en La Legua. (Foto: Rodrigo Balladares - Terra)

"Una de las cosas  que deseamos es mostrarles un mundo distinto a los niños, algo mucho más allá de los carabineros con la metralleta en la esquina”, señala llena de convicción María Alejandra Benavides, directora de la escuela Su Santidad Juan XXIII, la que se encuentra a escasos metros de la plaza principal de la población La Legua, en San Joaquín.

Educar en medio de las balas es una de las lamentables características dadas en el contexto de una intervención policial de años que busca acabar con el narcotráfico en el sector, una intervención que a juicio de Benavides no ha dado los resultados esperados: “Es una intervención casi militar que no ha tenido ningún resultado pues la violencia aumentó y se desplazó más que reducirse. Hoy las balaceras están en todos lados, incluso en este sector que está al lado de la plaza principal y donde antes no pasaba nada”.

La directora insiste en su mirada crítica: “Hoy hay carabineros en las esquinas pero el tráfico de armas y drogas no ha terminado, entonces nosotros planteamos que se termine la intervención permanente, pero sí que haya presencia de carabineros a través de rondas. Con la intervención al final se le muestra a los niños que eso es lo normal y no puede ser así”.

“Sería muy patuda si te digo cuál es la solución desde la seguridad pública, pero está claro que hay muchas iniciativas en términos de seguridad que no visibilizan a los actores para decidir en conjunto. Hoy la apuesta está en los jóvenes y en los niños para que en el futuro tomen un camino distinto en lo que es una tarea país”, señala.

La educadora recuerda un complejo momento vivido el año pasado para ejemplificarlo, “hubo un funeral, acá a 50 metros, al estilo mexicano como funciona acá y tuvimos que evacuar la escuela pues teníamos las balas acá adentro y al comunicarme con Carabineros el mayor Saavedra me dice, ‘disculpe directora, nunca pensamos en la escuela’, entonces algo malo pasa en cómo se lleva el tema”, afirma.

“Eso nos llevó a conversar con el Ministerio del Interior y se aprobaron 70 millones de pesos para poder poner puertas de acero, blindar los vidrios de la escuela y los techos de la pre-básica, que es el lugar más complejo en términos de las trayectorias de las balas. Claramente eso no soluciona el problema mayor pero a mí como directora me deja tranquila que los niños estarán bien en la sala y no les entrará una bala”.

“EL TECHO DEL PATIO PARECE UN COLADOR”

Convivir con balas suena irreal para muchos, pero ellos deben ocuparse de esta situación antes que vivir en el miedo: “Todo es un trabajo diario. Cuando hay tiroteos se toca una campana y los niños tienen la orden de tirarse al piso y ubicarse en la parte baja de las murallas y esperar el momento más seguro para moverse a las áreas que no tienen peligro”.

“Tenemos planes de evacuación trabajados con Carabineros, de poner a los niños en zonas seguras pero lamentablemente -lo más terrible- es que ellos van haciendo natural la violencia y lo hacen algo estructural de vida por lo que se transforman en un joven o adulto que vivirá con esa violencia. Eso es lo más grave pues hay niños de 8 años que ya manejan armas en las calles” , revela. 

“Nuestras murallas exteriores las levantaremos 3 metros lo que visualmente es horrible, pero es mejor que tener las balas adentro de la escuela. El techo del patio está lleno de agujeros por las balas y ya no cubre las lluvias pues parece un colador”, muestra la directora Benavides.

“Los niños lamentablemente están atravesados por la violencia. Hace un tiempo una profesora hizo una actividad simulando un supermercado donde la idea era trabajar en matemáticas pero los niños la terminaron derivando en algo donde identificaban quiénes robaban y quiénes eran guardias”, afirma sorprendida.

“Acá hay menores que son hijos o nietos de personas ligadas a la delincuencia o narcotráfico pero afortunadamente no hay ningún problema. Por ejemplo, para la época de graduaciones hemos debido hablar con apoderados que uno sabe están ligados a ciertos grupos y pedir que esos días no hayan tiroteos para poder hacer las ceremonias y ellos ayudan en eso. No nos queda otra cosa más qué hacer”, confidencia la docente.

LOS DESAFIOS DESDE EL AULA

Pese a la violencia del sector, la educadora es clara en sus desafíos: “Hay condiciones distintas y trabajamos sobre ello. Yo lo que debo lograr como escuela es atraer a lo niños, lograr que se queden acá en un lugar seguro. Deseamos mostrarles un mundo distinto a los niños, algo más allá de los carabineros con la metralleta en la esquina y educarlos cuando los niños cuestionan que "para qué", si lo que ganan en un mes trabajando lo ganan en tres días parado en la esquina”.

“Hoy el nivel de tráfico de armamento es gravísimo y cada cierto tiempo le entregamos a carabineros una enorme cantidad  de balas que encontramos cada día incrustadas en nuestras paredes y techos. ¿De dónde sale eso? Pero nadie se hace cargo tampoco de eso, ¿Hasta cuándo? ¿Hasta que se nos muera un niño?”, cuestiona.

La directora de la escuela destaca el trabajo que han intentado levantar desde su llegada: “Hemos intentado promover modos distintos de trabajo, hemos diagnosticado a casi el 70% de los menores con hiperactividad, déficit atencional entre otras cosas. Acá nuestra opción es no expulsar, no suspender y trabajar distinto con los menores, pues preferimos tenerlos acá adentro a que estén en la calle. No sirve de nada expulsarlos y estamos acabando con la deserción. A pesar de estar en La Legua la escuela es sumamente tranquila, no hay consumo de drogas en los alumnos –como sí hay en los apoderados- y los niños quieren mucho a su escuela. Es como si fuera el patio de sus casas”.

“Nosotros creemos en los chiquillos y a pesar de que vivan acá nosotros intentamos dignificarles el espacio, que no sea negativo vivir acá. Esa etiqueta de barrio crítico no ayudó en nada”, destaca.

“ESTO ES COMO UN OASIS DENTRO DE LO QUE VIVEN”

También en La Legua, el Colegio Arzobispo Manuel Vicuña, perteneciente a la Fundación Belén Educa, entrega educación a menores entre pre kínder y cuarto medio mientras lucha por eliminar los prejuicios y mejorar la calidad de vida de sus alumnos. Su directora, Eloysa Espinoza, afirma que tienen por objetivo que el colegio sea un lugar seguro y afectivo, “tratando de resguardar la seguridad de los niños y los funcionarios del establecimiento”.

“Con los años hemos aprendido a coordinar los esfuerzos y tenemos un plan de seguridad que se activa cuando hay balacera o intervenciones fuertes de carabineros. En ese caso se coordina con la policía si dejamos salir o no a los alumnos, y los papás saben que el colegio los tendrá a salvo”, destaca.

“Casi todos días pasa algo. Las balaceras están de forma permanente, ahora cuando debemos activar el plan de seguridad es una o dos veces al mes. Eso es cuando es algo más grande”, confidencia.

“Este colegio es como cualquiera pero con ciertas medidas extras por el contexto. Esos planes de emergencia se ensayan desde pre kínder a cuarto medio y con la participación de todos los estamentos” afirma la docente, en una situación que Jairo, uno de sus alumnos destaca: “A veces es fome porque da lata hacerlo y acá insisten en repetirlos y ensayarlos pero tiene que ser así porque ven por la seguridad de nosotros y si nos dejaran salir en la mitad del tiroteo no van a parar de disparar”, señala el joven y vecino del sector.

Jairo reconoce que vivir en el área no es fácil, pero afirma que La Legua es mucho más que violencia: “Siempre muestran las balaceras y las cosas malas pero siempre cuando hay problemas toda la gente se ayuda y nunca se muestra como ha mejorado el barrio. Una vez al año se hace un carnaval y la prensa no dice nada. Esos días no hay disparos, no hay problemas, no hay peleas ni nada y cada vez que pasa algo la gente coopera con sus vecinos”.

“Esto es como un oasis dentro de todo lo que viven. El contexto es difícil pero se puede hacer educación de calidad” finaliza la directora, explicando los altos puntajes que han alcanzado en la prueba Simce.





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