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Niñez en los Medios - Educación
Columna de Copano: "Sobre los niños que rompen colegios"
Fecha: 08 de julio de 2014
El otro día me pasaron un computador especial: un Chromebook. Usted se pregunta: ¿que es eso? Le cuento: un Chromebook es el computador de Google. Y básicamente el concepto es pantalla, teclado y Chrome. O sea, el centro es el navegador. Como el que usted tiene en su casa. ¿Le permite jugar? Sí. ¿Le permite escribir? Claro. ¿Le permite investigar? Por supuesto. Siempre y cuando el computador se conecte con la web. ¿Funciona sin web? A medias. Igual que el computador de su casa. ¿Es barato? Se supone que va a terminar siéndolo. ¿Es bueno? Es perfecto a mi parecer para los abuelos, las mamás y los niños. ¿Por qué? Muy simple: porque no tiene uso técnico. No necesitas guardar ni editar cosas. Y si las tienes que hacer, no necesitas un computador monstruo. El cerebro es internet.

Ahora, ¿por qué le cuento esto? Bueno, estuve mirando los destrozos al colegio Cervantes. Y estuve pensando en la relación de esos chicos con las redes y la escuela a propósito del proyecto de ley que quiere multar a los padres de los niños que rayan el patrimonio ajeno. ¿Qué será la escuela para aquellos que la rompen? ¿Qué rompe uno? En general, la gente tiende a romper lo que no es suyo. La gente no rompe lo que ama o respeta. Antiguamente nuestro Metro era ejemplar por su limpieza, cuando era cómodo y no lo transformaban en la manera de dar aguante a un pésimo sistema de transporte público como es el Transantiago.

¿Qué tiene que ver un computador con romper un establecimiento educacional? Muy simple: tiene que ver con las cosas con la que se relaciona un joven. Un computador como el que te contaba, ya no piensa en la RAM ni en las cosas que antes volvían notable un equipo, como el disco duro. Es todo “en la nube” y la nube es un intangible. Es un cerebro extra.

Los chicos de hoy tienen cerebros extras, ya que trabajan con internet. Y esos cerebros extra, como Wikipedia se corrigen rápido, no como el libro de séptimo básico que entregó el Gobierno que plantea que en un lago (el Chungará) hay ballenas. 

Entonces, ¿estamos frente a los chicos de ayer o un nuevo niño que toma acción frente a su entorno?

Definitivamente frente al segundo. Y aunque nos duela ese chico que rompe esta haciendo un acto, que nos guste o no, ejerce una presión.

Por desgracia, y eso es lo que no se dan cuenta los políticos, ese chico va a crecer y no va a sentir que la sociedad lo quiere o respeta, y ahora, que es adolescente rompe ¿qué va a hacer después?

Y ahí radica el cómo guiamos a esos jóvenes a un camino mejor, teniendo herramientas mejores y más libres. Cómo hacemos que se haga las preguntas para cuestionar. Cómo le devolvemos la “filosofía” a la calle para que entienda que destrozar probablemente le hace más daño a él. En Chile tenemos demasiada matemática, en una cultura adicta al éxito y triunfalista donde esas cosas te hacen más persona.

Por eso esos chicos quizá rompen: porque el colegio es, por desgracia, literalmente su primera cárcel, llena de incomodidades. El primer lugar donde ya son segregados es la escuela, ya que muchos sienten que está la escuela “de excelencia” y la de ellos. Los códigos del egoísmo están dañando a nuestra sociedad más de lo que nosotros pensamos. Y ellos no son los de antes.

Antes teníamos que mostrar las cosas que teníamos con tal de tener un discurso para mostrar qué éramos. Nuestras bibliotecas o colecciones hablaban. Hoy portamos la información del mundo en una pantalla. ¿Cómo encontramos esa información? ¿qué preguntas nos hacemos para razonar sobre esa información? 

¿Saben los niños de hoy hacerse preguntas o sólo son consumidores de ventanas en Chrome?

El cerebro que es internet podría salvarlos. Pero para eso tienen que disfrutar el aprender más que aprender lo que otros disfrutan.

Los profesores deberían enseñarles a que encuentren qué les gusta para enfocarse sobre eso y que sean ciudadanos felices que ganen dinero sobre su pasión (o que si no lo ganen tengan la inteligencia para ser felices tomando su opción) en vez de someterlos a ese infierno de ser iguales a los otros, cuando en su mundo privado, son la individualidad especial.

Ahí, detrás de la pantalla están los que ganan guerras en “Minecraft” (libros o textos sobre el tema, se los consumirían felices, en vez de leer algo que odian, porque los chicos leen, pero leen cosas que odian y por tanto terminan odiando todo) y cuando salen se comen una realidad horrible, con salas de clase heladas, con padres que no los escuchan y profesores desesperados tratando de llamar su atención cuando todavía no descubren ellos qué les hace bien.

La educación, si llega a puerto siendo gratis, no puede ser esta mentira de darle títulos o medallas a gente que no sabe donde está parada y que cree que con eso gana un sueldito. Sino más bien debe ser un motor para crear ciudadanos que hagan cosas para hacer de éste un mundo más bello y con eso más grande.





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