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Niñez en los Medios - Comportamiento
13 años: La edad misteriosa
Fecha: 02 de agosto de 2014
¿Califican todavía para regalo el próximo fin de semana por el Día del Niño? Algunos dicen que de todas maneras, otros que ya no les interesa. Los 13 años son un estado intermedio entre el fin de la infancia y el comienzo de la adolescencia y los que hoy tienen esa edad son los que nacieron entre 2000 y 2001. Nos pusimos en sus zapatos para entender cómo es la primera generación del nuevo milenio.

“Los 13 años son lo mejor. Puedes dártelas de grande para salir solo con tus amigos y hacerte el chico para que te hagan la cama el fin de semana”, dice Vicente Havliczek, alumno de octavo básico del colegio The Southern Cross School. El comentario saca carcajadas entre sus compañeros, reunidos en la biblioteca del lugar. “Esta edad nos conviene porque somos chicos para que te regalen para el Día del Niño y grandes para ir a juntas”, dice en otra entrevista Rosario Morales, del colegio San Anselmo de Chicureo, también con risas. Se ríen como niños y lo son todavía para algunas cosas. Pero no para otras. Están en su “adolescencia temprana”, una etapa que según los especialistas ha sido poco estudiada y que los papás y mamás a veces entienden todavía menos. “Es un cambio muy grande cumplir 13. A los 12 todo el mundo te ve chica, pero a los 13 de verdad sentís que te están tomando en cuenta y escuchan cuando das una opinión en la mesa”, dice Javiera Bianchi. 

La gente de 13 nació entre 2000 y 2001, bajo la presidencia de Ricardo Lagos, en un país con una democracia más consolidada y donde se expandían el crédito y el consumo. Llegaron al mundo poco antes de la caída de las Torres Gemelas, en el momento en que se presentaba el primer iPod. Cuando ellos nacieron, menos de la mitad de los chilenos tenía un aparato móvil, hoy en cambio, en el país hay más celulares que habitantes. 

Los de 13 no conocieron el mundo antes de Google, en el que encontrar un dato sencillo habitualmente tomaba más de un par de centésimas de segundo. Están en séptimo u octavo básico, no entienden la vida sin estar conectados, muchos prefieren jugar fútbol en una consola que con una pelota y uno de ellos explica que nunca había visto una tetera hasta el terremoto de 2010 cuando el hervidor eléctrico dejó de funcionar.  

En el caso de los hombres abundan los Sebastián, Nicolás, Matías y Diego, que eran los nombres que más se registraron entre los recién nacidos del nuevo siglo. Entre ellas hay muchas Javieras, Catalinas, Valentinas y Camilas. Es probable que tengan un hermano, porque la tasa de fecundidad a fines de los 90 rondaba los dos hijos por mujer. Los especialistas dicen que son una generación que ha sido sobreprotegida y que, salvo a quienes les tocó crecer a la fuerza, son poco hijos del rigor (¿cuántos hacen su cama o ponen la mesa?). Algunos han escuchado de sus papás que se subían a los árboles cuando tenían su edad, pero muchos de ellos nunca lo han hecho. La mayoría no juega en la calle y pocos tienen amigos de barrio. Son optimistas: varios pensaban que la Selección podía ganar el Mundial en Brasil, porque, a diferencia de sus padres, no les ha tocado una historia deportiva plagada de triunfos morales.

En focus groups y entrevistas personales, 48 estudiantes de ocho comunas de la Región Metropolitana contaron qué hacen, qué les preocupa y cómo ven el mundo. Conózcalos (o reconózcalos). 

VIVIR CON 13

¿Se sienten más niños o grandes? “Grandes”, dice la mayoría.  “Lo mejor de esta edad es la libertad porque antes no me dejaban salir mucho. Ahora me tienen más confianza”,  dice Martín Albornoz. Cuando se les pregunta qué es tener 13 años, el concepto que más repiten es ese, el de ir ganando independencia, lo que se traduce en la posibilidad de andar sin adultos.

“Me costó mucho que me dieran permiso para devolverme sola del colegio. Si sacaba promedio 6 me decían que sí. Saqué promedio 6”.Francisca Fleming (13). 

“Mis papás son muy aprensivos, no se puede negociar con ellos. Una vez les pedí permiso para ir al mall sola con una amiga. Les ofrecí lavar la loza toda la semana y la respuesta fue no”. Macarena Salvo (13)

La palabra “permisos” es clave: “Hay que ir a pedirle permiso a la mamá cuando está de buena o viendo tele y quedándose dormida. Primero, hay que regalonear con ella. Después, hay que proponerle la idea pero tener todo organizado: quién te va a dejar y a buscar. Y después respetarle las reglas: si te pide que la llames para decirle dónde estás, llamarla”, dice con más experiencia Catalina Von Chrismar, quien ya entró al mundo de los 14. 

Pero aunque quieren independencia, no pocos reconocen que todavía les queda algo de niños y que eso les gusta. Quieren que los sigan regaloneando: que les compren regalos, ropa o les traigan un chocolate del supermercado y, tal como a Nicole, les gusta cuando la mamá los abraza “y le baja el amor de la nada”. Pero pocos colaboran en su casa y si lo hacen, no es por iniciativa propia. 

“Mi mamá me obliga a hacer la cama pero a veces no la hago. Me reta pero igual la hace ella”.Matías (13). 

¿QUÉ OPINAS?

En esta etapa se ponen más opinantes y, en parte, por una razón fisiológica. Es el período en que se produce lo que el siquiatra de la Clínica Las Condes Elías Arab llama “la segunda poda neuronal en el cerebro”, en que se afinan las redes neuronales. “Donde había muchos caminos de tierra empieza a haber carreteras pavimentadas. Por lo tanto, piensan más rápido, son más agudos y comienzan con el pensamiento abstracto”. Y dejan de obedecer porque sí. 

“Empiezas a conocer más de todo, te fijas en más cosas. Antes todo era jugar. En cambio, ahora te interesa más lo que pasa alrededor y puedes hablar como una persona más grande”. Antonia García (13).

Es importante, dice el siquiatra Elías Arab, que tengan “espacio para dar una opinión y que sea validada. No significa darles en el gusto en todo, pero ellos van a ir configurando identidades bastante más sólidas si no nos dedicamos a descalificarlos”.

El interés por los temas públicos en general parece depender del espacio que le da cada familia. Hay algunos que siguen con mayor interés la política o lo que ha ocurrido con el movimiento estudiantil, pero no la mayoría. 

“En 2011 fui a la última marcha estudiantil con mis papás. Estaba lleno de gente tocando tambores, trompetas y con disfraces. Yo tengo un pensamiento más bien de izquierda”. Vicente Canitrot (13).

“Me cargan los políticos”. Javiera Bianchi (13).

Si bien quieren ser grandes también ven el mundo adulto como un espacio de presiones, algo que se va acrecentando entre los mayores. “Me preocupa crecer y no lograr mis metas. Desde chicos nos dicen que tenemos que estudiar y ser profesionales. No hay muchas otras opciones”, agrega Javiera Baeza, quien ya entró en los 14. También les importa mucho el reconocimiento de sus padres porque es una forma de sentirse queridos y valorados, explica Raúl Carvajal, sicólogo de Clínica Santa María.

“Me importa que mis papás estén orgullosos de mí. Ellos siempre me apoyan y siento que les debo algo”. Josefina Reyes (14).

LA HORA DEL PESTILLO

Lo que realmente les preocupa a esta edad son ellos mismos. Descubrirse. En este momento comienza a hacerse más consciente la búsqueda de la identidad personal, las preguntas como “quién soy” o “qué quiero en la vida”. Los jóvenes se vuelcan hacia adentro y tienen cambios emocionales. Se ponen rabiosos, intensos y poco tolerantes. “Es la época en que empiezan a cerrar la puerta. Los papás se pasan películas, pero pueden estar simplemente mirando el techo”, dice Verónica Gaete, directora del Centro de Salud del Adolescente Ser Joven. 

“Tu pieza es tu lugar. Da lo mismo lo que hagas. La cosa es poder estar solo”. Vicente Canitrot (13).

Se alejan de los papás y ya no quieren que todo sea con la familia. La conexión con el mundo exterior son los amigos. “Se mueven por las recompensas sociales y los motivan las amistades estrechas”, dice Mitchell Prinstein, profesor de Sicología de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. 

“Los amigos son más familia a esta edad”. Macarena Salvo (13).

Me da pena pelear con mis amigas porque las amigas son para toda la vida y cuando te peleas con ellas empiezas a pensar: ‘¿Y si no la vuelvo a ver más? ¿Y si ahora me odia?’. Es que las mujeres exageran todo, entonces una pelea chica se hace una pelea grande y una pelea grande se hace una pelea enorme. Antes te peleabas y altiro te hacías amiga de nuevo. Ahora te peleai y ¡te peleai!”.  María José Larenas (13).

“Si me gusta una niña y yo le tinco un poco, pero le caigo mal a la mejor amiga, puedo dejarle de gustar. Me van a hacer ‘el juicio’ (deliberación femenina en grupo) y me va a decir que no. Las amigas son terribles”. Vicente Havliczek (14).

Según una encuesta de Ipsos a siete mil padres de 20 países, el 70% dice que sus hijos deberían tener más tiempo para comportarse como niños. Es una temática que se repite. Verónica Gaete explica que a los papás les cuesta aceptar que los adolescentes empiezan a tener un espacio de intimidad, que pueden tomar sus decisiones y que ahora hay que dialogar y negociar con ellos. “Es otro capítulo más del ‘nadie nos enseñó a ser padres’”, dice. Según Elías Arab, la falta de comunicación es muy frecuente en la adolescencia porque como ya no son niños, lo que a los papás les funcionaba un par de años atrás ya no surte efecto. Eso empieza en los 12 y 13 y a partir de los 14 se empieza a hacer mucho más notorio. 

ENCHUFADOS

Tradicionalmente la adolescencia ha sido una etapa de búsqueda de identificación, pertenencia y aprobación de los pares, pero la novedad es que hoy tienen celulares y redes sociales que les permiten saber qué están haciendo los demás e intensificar las relaciones. La convivencia con los pares y amigos no se acaba al salir del colegio o al entrar a la casa, se perpetúa a través de WhatsApp, Instagram y Snapchat -una aplicación para mandar fotos y mensajes que se eliminan a los diez segundos- que son algunos de los servicios más utilizados. La vida es con teléfono, aunque lo usen poco para hablar. Tal como describe Bárbara Azócar, de 14, “uno puede hacer otras cosas pero sabiendo que lleva el celular”. Los hombres, además, usan mucho las consolas que también les permiten jugar en línea con amigos y desconocidos. 

“Los niños de mi edad están muy pegados a la Play o al computador y hablan todo el rato de lo mismo. Son más niños. Con mis amigas ya no jugamos con barbies pero ellos siguen jugando”. Francisca Fleming (13).

“Una vez me quitaron la Xbox por una semana. Me mandé un par de embarradas más y también me quitaron el celular y el computador. Llegaba del colegio a mi casa y no sabía qué hacer”. Benjamín Sabaj (13).

“Es una edad de mucha adicción. Juegas mucho Play, duermes mucho y estás mucho tiempo en el computador. Siempre la misma rutina”. Martín García (14).

Tienen Facebook pero casi no lo usan porque ya no tiene nada nuevo con qué sorprenderlos, dicen. La web es también una fuente de conocimientos. Por ejemplo, Vicente Bulnes (13) cuenta que está aprendiendo a tocar el teclado gracias a los videos que hay en YouTube y a un software que descargó para poder practicar. Eso ayuda a que hoy la gente de 13 tenga aficiones más variadas y por eso a veces son difíciles de encasillar. Pero todos están acostumbrados a las pantallas, muchos prefieren ver la película que leer el libro y en sus teléfonos ven series por Netflix tales como The Big Bang Theory o The Walking Dead. 

“Me gusta leer ficción y thriller. En mi curso hartas compañeras leen, pero una no se topa con muchos hombres lectores de esta edad”. Antonia García (13).

“Mis papás lo único que quieren es que yo lea. Me dicen que con la lectura uno puede desarrollar mejor la imaginación. Yo prefiero pasar el tiempo en otras cosas, como estar con amigos”. Cristóbal Illanes (13).

Incluso, como esta es la edad en que empiezan a  interesarse en el sexo opuesto, pero también la del temor al ridículo, algunos vencen la timidez vía redes sociales. 

“Se me declararon por WhatsApp y lo encontré demasiado fome. Él igual me interesaba algo pero me mató todas las pasiones. Es mucho más lindo que se ponga nervioso y cosas así. Declararse por WhatsApp no es ni para los cabros chicos. En verdad no aplica”. Antonia Vivanco (13).

MEJOR SIN BAILE

De preferencia van al mall por la oferta de actividades, el cine, el patio de comidas y las compras. Algunas entrevistadas dicen, por ejemplo, que les gusta ir al Starbucks. Algunas toman café café, otra descafeinado de vainilla. En séptimo básico además empiezan las salidas de noche,  se popularizan “las juntas”, reuniones sociales chicas con amigos cercanos o, al menos, conocidos, donde no se baila. Entre los entrevistados y entrevistadas, estas eran el formato más habitual y seguro, porque los de 13 recién empiezan pololear. 

“Prefiero juntas. La fiesta es mucha chacra y me da lata sacar a alguien a bailar. Te pueden decir que no”. Martín García (14).

“El año pasado fui a una fiesta en el colegio y fue muy chistoso porque estaban todos los hombres a un lado y las mujeres al otro. ¿Si yo saco a bailar? Depende si estoy con amigos de confianza”. Felipe Neira (13).

“A los de colegios mixtos les da lo mismo ir a fiestas. Pero cuando los cursos no son mixtos, a una le da más vergüenza”. María José Larenas (13).

“(Lo peor de ir a fiestas es) estar bailando con alguien y que después de un rato se te ‘tire’. Entonces tenís que decirle: ‘oye, para”’. Antonia García (13).

También hay carretes que aunque son sin baile, son más grandes que las juntas y en los que a veces hay alcohol y cigarros, pero eso ya entre los de 14 o más. Además, salen a los “masivos” eventos generalmente convocados vía redes sociales, donde con suerte se conoce al que puso la casa. Sólo algunos confiesan que han tomado, “pero relajado” y muy pocos dicen que fuman. Pero no es un tema que les guste conversar con adultos.

“Es mejor que los papás se enteren de las cosas por uno. ‘Mamá, en el carrete hubo copete’. Hay papás que son relajados, pero mi mamá no es el caso. Tengo una amiga que fuma y cada vez que salgo con ella mi mamá me dice: ‘Cuando llegues ven a saludarme’, para ver si llego con olor a cigarro”. Francesca Calvo (14).

“Mi técnica es tirarle palos a mi mamá. Por ejemplo, cuando voy a salir le muestro el diario y le digo: ‘Mamá, ¿sabías que el 24% de los adolescentes de esta edad toman alcohol o fuman?’. Es para que sepa y no sepa a la vez”. Vicente Havliczek (14).





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