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El Estado Islámico ha torturado y maltratado a niños de la zona de Kobani, según HRW
Fecha: 05 de noviembre de 2014
El Estado Islámico (EI) ha maltratado y torturado a niños que secuestró en la ciudad siria de Kobani, según la ONG pro-derechos humanos Human Rights Watch (HRW). Cuatro niños explicaron a esta organización los sufrimientos que soportaron durante su reclusión, cuatro meses, junto a otros 150 menores.

Los niños, de 14 a 16 años, fueron secuestrados el 29 de mayo de 2014, cuando se dirigían hacia su casa, en Kobani. Según funcionarios kurdos y medios de comunicación, el EI liberó a los últimos 25 pequeños que retenía el 29 de octubre.

Cuatro de los menores secuestrados y liberados en septiembre fueron entrevistados uno a uno en Turquía, a donde huyeron para estar a salvo. Todos contaron que los pegaron con mangueras y cables eléctricos y los obligaron a ver vídeos de decapitaciones y de ataques del EI.

“Desde el comienzo de la revuelta siria, los niños han sufrido los horrores de la detención y la tortura, primero por el gobierno del (presidente sirio), Bashar el-Asad, y ahora por el EI”, ha indicado Fred Abrahams, asesor especial para los derechos del niño de HRW. “Estas pruebas de la tortura y el abuso de niños por parte del EI evidencia por qué nadie debería apoyar a su empresa criminal”, ha añadido Abrahams.

El EI secuestró a unos 250 estudiantes kurdos en Kobani mientras viajaban a casa después de examinarse en la escuela secundaria en Alepo, el 29 de mayo. Los yihadistas liberaron a todas las niñas, alrededor de 100, a las pocas horas, pero mantuvieron cautivos a 153 niños en una escuela en Manbij, un ciudad situada a 55 kilometros al suroeste de Kobani.

Una cincuentena de 50 de chicos se escaparon o fueron liberados entre junio y septiembre. Unos 15 de ellos se intercambiaron por combatientes del EI que estaban en poder de las Unidades de Protección Popular (YPG), grupo armado kurdo que defiende Kobani. A finales de septiembre, el EI liberó a 75 niños más.

Los menores entrevistados contaron a HRW que los vigilantes de la escuela de Manbij golpearon a los niños que trataron de escaparse, a los que no obtenían buenos resultados en las clases de religión obligatorias, o por cualquier cosa que hicieron y sus captores consideraron como mal comportamiento.

Los peores tratos fueron para los niños que tenían familiares en las fuerzas kurdas, según explicaron los entrevistados. “Los del EI les pidieron las direcciones de sus familiares, primos, tíos, y les dijeron: Cuando entremos en Kobani vamos a dar con ellos y a cortarlos en pedazos. El EI considera a los del YPG como kafir (no creyentes)”, relató un adolescente de 15 años.

En una ocasión, un niñó murmuró “¡ay, madre!” cuando fue atrapado en la habitación de otro grupo. Lo colgaron con las manos atadas a la espalda y un pie atado a sus manos, y le dijeron que tenía que pedir a Dios, no a su madre, explicó el mismo chico.

Los cuatro menores indicaron que el EI dividió a los niños en grupos de ocho y cada uno dormía en una sala diferente. A cada secuestrado le dieron tres mantas: dos para dormir en el suelo y otra como cubierta. Los guardias los dejaban bañarse una vez cada dos semanas y les daban comida dos veces al día. Pero no les permitían salir fuera después de que algunos se escaparan.

Los niños contaron que los guardias y los maestros religiosos en la escuela eran sirios, jordanos, libios, tunecinos y sauditas. Los sirios les dieron las peores palizas, especialmente un hombre llamado Abu Shehid, que procedía de la zona de Alepo.

“Nos golpearon con una manguera verde o un cable grueso con un alambre interior. También en las plantas de los pies. Una vez me metieron dentro de un neumático y me pegaron. A veces buscaban excusas para pegarnos, otras veces lo hacían sin dar ninguna razón”, dijo un adolescente de 16 años.

“Los guardias sirios eran los peores y nos golpearon de la peor manera. Nos hacían aprender versículos del Corán y pegaban a los que no lograban memorizarlos. Cuando algunos muchachos trataron de escapar, nos trataron peor y nos castigaron a todos y nos dieron menos comida”, expuso el mismo chico.

Los niños dijeron que recibieron visitas muy ocasionales y solo algunas llamadas telefónicas de sus padres. Les obligaron a rezar cinco veces al día y al principio les prohibieron hablar kurdo.

Los cuatro entrevistados indicaron que no les dieron ninguna explicación sobre los motivos de su liberación. Solo les dijeron que habían terminado su formación religiosa, les entregaron 150 libras sirias (un dólar), un DVD con material religioso, y les dijeron que se podían ir.





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Luis Cortés Olivares
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